Los años verdes
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Yukio Mishima | 三島由紀夫
Asociación Japón | Reseñando Japón

Los años verdes pertenece a la etapa temprana de Yukio Mishima y, aunque suele quedar eclipsada por sus novelas más célebres, constituye una pieza clave para comprender la arquitectura moral y estética de su obra posterior. Escrita en la inmediata posguerra japonesa, la novela aborda el problema de la juventud no como promesa, sino como estado transitorio condenado a desaparecer.
El protagonista, Tetsuya, encarna a una generación que crece en un país derrotado, privado de certezas simbólicas y de un horizonte ideológico sólido. Mishima evita deliberadamente la épica histórica: la guerra y la ocupación no aparecen como hechos narrativos centrales, sino como una atmósfera de desorientación que condiciona la vida interior de los personajes. El resultado es una novela donde el conflicto principal no es externo, sino psicológico y moral.
Desde el punto de vista estructural, Los años verdes se articula como una novela de formación atípica. No hay un progreso claro ni una “lección” final. El aprendizaje del protagonista consiste, más bien, en el reconocimiento de la pérdida de idealismo. La juventud es descrita como un tiempo de expectativas imprecisas, de admiraciones intensas y de relaciones que parecen absolutas, pero que se disuelven sin necesidad de un acontecimiento traumático.
Uno de los aspectos más notables es el tratamiento de la amistad masculina, cargada de ambigüedad emocional. Mishima explora la cercanía, la dependencia y la admiración entre jóvenes sin convertirlas en declaraciones explícitas de deseo. Esta contención no empobrece el texto; al contrario, le confiere una tensión constante, basada en lo no dicho y en la incapacidad de los personajes para nombrar con claridad lo que sienten. En este sentido, la novela anticipa preocupaciones centrales del autor: la relación entre cuerpo, ideal y frustración.
El estilo narrativo es sobrio, contenido y preciso. Mishima prescinde aquí del exceso retórico que caracterizará algunas de sus obras posteriores. La prosa acompaña el estado emocional del protagonista: frases limpias, escenas cotidianas, observaciones minuciosas que revelan una sensibilidad casi clínica ante los cambios interiores. Esta economía expresiva refuerza el tono melancólico de la obra.
El título, Los años verdes, funciona como metáfora central. Lo “verde” alude tanto a la vitalidad como a la inmadurez, a aquello que aún no ha sido probado por el tiempo. La novela se sitúa exactamente en el momento en que esa condición comienza a marchitarse. No hay tragedia explícita, sino una lenta toma de conciencia: crecer implica aceptar límites, renunciar a ciertas idealizaciones y asumir la soledad como parte constitutiva de la experiencia adulta.
En conjunto, Los años verdes es una novela silenciosa pero profundamente lúcida. Su importancia no reside en la intensidad dramática, sino en su capacidad para capturar un instante existencial: el momento en que la juventud deja de ser una identidad y se convierte en un recuerdo. Para el lector contemporáneo, la obra ofrece una reflexión universal sobre el paso del tiempo y la pérdida de la inocencia, y al mismo tiempo permite acceder a una faceta menos conocida, pero esencial, del universo literario de Yukio Mishima.



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